No se mienta a sí mismo, sobre todo. El que se miente a sí mismo y cree su propia mentira, no es capaz de distinguir la verdad, ni en sí ni en los demás. Y al no respetar a nadie, cesa de amar, y para ocuparse o distraerse, en ausencia del amor, se da a las pasiones y se entrega a groseros goces, llegando, en sus vicios, hasta la bestialidad; todo ello procede de la mentira continua para consigo mismo y para con los demás. El que se miente a sí mismo, puede ser su primer ofensor…Un individuo sabe que nadie le ha ofendido, sino que él mismo se infirió una ofensa; miente recargando a su placer el cuadro; de un montículo hace una montaña; lo sabe él mismo y, no obstante, es el primero en ofenderse hasta sentir placer en ello y experimentar una gran satisfacción ignorando que está pisando el camino de los grandes odios…
Fedor Dostoievski,
Los hermanos Karamazov
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