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La Cruz de Cristo. Charles Journet

La Cruz de Cristo, una vez que ha sido levantada sobre la historia, es ya la única salvación del mundo. No sólo de las personas individuales, que son inmortales, sino también de las civilizaciones, que son perecederas.

Apareció, en Occidente, en un mundo de decadencia y abocado a la ruína. En comparación con la luz que ella ofrecía, las renuncias que exigía no parecieron demasiado pesadas: cuando la tierra no tiene más que dar, el cielo, revelando sus esplendores, llega a ser infinitamente deseable.

¿Que ocurrió luego? A medida que los pueblos se iban agrupando en torno a la Cruz y fijaban su esperanza en el Reino que no es de este mundo, he aquí que, como por milagro, el mundo se iluminaba, la vida se volvía más humana y se organizaba una cultura cristiana, una civilizacion cristiana. Reapareció así la dulzura de vivir.

Pero con ella vino pronto el olvido del cielo. Las exigencias de la Cruz volvieron a pesar hasta resultar intolerables. El hombre trató de conquistar la tierra y hacer su propia felicidad. Y se hizo duro y hasta salvaje. Después de dos guerras mundiales en el espacio de medio siglo, hele aquí de nuevo ante el temor de una tercera.

¿No ha tenido ya la humanidad suficiente experiencia de la desgracia? ¿Hará falta que sea de nuevo inundada de sangre y de locura? ¿Necesitará llegar al fondo de la desesperación para alzar de nuevo sus ojos a la Cruz? Entonces, las exigencias cristianas jamás deberían parecerle injustificadas. Buscará ante todo el Reino de Dios. Y tal vez, por añadidura, llegue a florecer algún nuevo orden temporal cristiano, un cierto tipo de nueva cristiandad.

La Cruz es más un misterio de luz que un misterio de dolor. El dolor no es algo esencial, pasará. Debajo de él se oculta la luz: por momentos, atraviesa la capa del sufrimiento e irradia su esplendor.La luz si es algo esencial, que durará por siempre. Pero, al pasar por el dolor, se viste de una singular belleza asumiendo en su esplendor todo lo que de dignidad y de grandeza hay en la aventura de nuestra vida y de nuestro destino de hombres: «La momentánea y ligera tribulación del momento presente nos produce, sobre toda medida, un enorme raudal de gloria eterna» (2 Cor 4, 17-18).

"Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz "
Charles Journet 

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