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5 POEMAS DE OSCAR WILDE

APOLOGÍA

¿Es tu voluntad que yo crezca y decline?
Trueca mi paño de oro por la gris estameña
y teje a tu antojo esa tela de angustia
cuya hebra más brillante es día malgastado.

¿Es tu voluntad -Amor que tanto amo-
que la Casa de mi Alma sea lugar atormentado
donde deban morar, cual malvados amantes,
la llama inextinguible y el gusano inmortal?

Si tal es tu voluntad la he de sobrellevar
y venderé ambición en el mercado,
y dejaré que el gris fracaso sea mi pelaje
y que en mi corazón cave el dolor su tumba.

Tal vez sea mejor así -al menos
no hice de mi corazón algo de piedra,
ni privé a mi juventud de su pródigo festín,
ni caminé donde lo Bello es ignorado.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001
***
CASA DE LA RAMERA

Seguimos la huellas de pies que bailaban
hacia la calle alumbrada de luna
y nos detuvimos bajo la casa de la ramera.

Adentro, por sobre estrépito y movimiento,
oímos los músicos tocando a gran volumen
el «Treues Liebes Herz» de Strauss.

Como formas extrañas y grotescas,
realizando fantástico arabesco
corrían sombras detrás de las cortinas.

Vimos girar los fantasmales bailarines
al ritmo de violines y de cuernos
cual hojas negras llevadas por el viento.

Igual que marionetas tiradas de sus hilos
las siluetas de magros esqueletos
se deslizaban en la lenta cuadrilla.

Tomados de la mano
bailaban majestuosa zarabanda;
y el eco de las risas era agudo y crispado.

veces un títere de reloj apretaba
la amante inexistente contra el pecho,
y otras parecía que querían cantar.

A veces una horrible marioneta
se asomaba al umbral fumando un cigarrillo
Como cosa viviente.

Entonces, volviéndome a mi amor dije,
«Los muertos bailan con los muertos,
el polvo se arremolina con el polvo».

Pero ella escuchó el violín,
se apartó de mi lado y entró:
entró el Amor en casa de Lujuria.

Súbitamente, desentonó la melodía,
se fatigaron de danzar el vals,
las sombras dejaron de girar.

Y por la larga y silenciosa calle
en sandalias de plata asomó el alba
como niña asustada.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001
***
PHEDRE

A Sarah Bernhardt

Qué vano y qué tedioso nuestro mundo ordinario parecerá
a alguien Como tú, que en Florencia
habrías conversado con Mirandola, o caminado
entre los frescos olivares de Academos:
habrías recogido cañas de la verde corriente
para la aguda flauta de Pan, pies de cabrito,
y tocado con las blancas niñas en el valle Feacio
donde el grave Odiseo de su profundo sueño despertara.

¡Ah!, en verdad, una urna de ática arcilla
guardó tu polvo pálido, y has venido otra vez
a este mundo ordinario, tedioso y vano,
fatigada de los días sin sol,
de campos rebosantes de asfódelos insípidos,
de labios sin amor, con que besan los hombres en el Infierno.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001
***

Tædium vitæ

Matar mi juventud con dagas impacientes; ostentar
la librea extravagante de esta edad mezquina;
dejar que cada mano vil se hunda en mi tesoro;
trenzar mi alma al cabello de una mujer
y ser sólo lacayo de Fortuna. Lo juro,
¡no me agrada! Todo eso es menos para mí
que la delgada espuma que se inquieta en el mar,
menos que el vilano sin semilla
en el aire estival. Mejor permanecer alejado
de esos necios que con calumnias se mofan de mi vida,
aunque no me conocen. Mejor el más humilde techo
para abrigar al peón más abatido
que volver a esa cueva oscura de riñas, donde mi alma blanca
besó por vez primera la boca del pecado.

Versión de E. Caracciolo Trejo
***

EL LAMENTO DE LA HIJA DEL REY

Hasta las estrellas sobre el agua calma,
Y siete en el impasible cielo;
Siete pecados de la hija del rey
Descansaban en lo profundo de su alma.

Rosas rojas yacen a sus pies,
(las rosas son rojas en su dorado cabello)
Y cuando sus frágiles senos se rozan,
Rosas rojas se esconden allí.

Gentil es el caballero que cae inerte,
En medio de las prisas y el verde.
Ved a los magros peces revueltos,
Devorando un festín de hombres muertos.

Dulce es su lecho de eternidad,
(La tela de oro es una buena presa)
Ved a los negros cuervos en el aire,
Negros, negros como la noche son.

¿Qué hacen allí, tan crudos y fríos?
(Hay sangre sobre su mano tímida)
¿Porqué las lilas se tiñen de rojo?
(Hay sangre sobre la arena del río)

Hay dos que cabalgan del sur hacia el este,
Y dos del norte hacia el oeste,
Pues el cuervo oscuro está de fiesta
Sobre la helada Hija del Rey.

Hay un hombre que la ama de verdad
(Roja, roja es la mancha de sangre)
Él ha cavado una tumba bajo el umbroso tejo,
(Una tumba en la que caben cuatro)

No hay luna en el cielo calmo,
Nada se refleja en el agua oscura,
Los pecados de su alma son siete,
El pecado sobre él es uno.

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