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Charles Journet. La Bienaventuranza del Don de Fortaleza

El Espíritu de Yahvé, que reposó sobre el Mesías, era, según la profecía de Isaías, «... un Espíritu de consejo y de fortaleza» (Is 11, 2). El don de fortaleza se manifiesta de dos formas. Una más ostensible: es la valentía, la intrepidez en el ataque. La otra, más significativa: es la paciencia, la constancia en la adversidad.

En su explicación del Sermón de la Montaña, San Agustín relaciona con el don de fuerza la cuarta bienaventuranza, la de los que tienen hambre y sed de justicia. El Espíritu de fortaleza llevará al Salvador a afrontar valerosamente la cruz para saciar su vehemente hambre y sed de la gloria de Dios y de la salvación de las almas. Al entrar en el mundo dijo en su interior: «No has querido sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo. Los holocaustos y sacrificios por el pecado, no los aceptaste. Entonces yo dije: Heme aquí que vengo, para hacer, oh Dios, tu voluntad»(Heb 10, 5-7). El Jueves Santo se adivina una especial vehemencia en su deseo de morir: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer» (Lc 22, 15). Un poco más tarde, en Getsemaní, cuando esta invadido por el pavor y el tedio, solo un acto purísimo de la fortaleza que mantiene le hara decir al Padre: «No lo que yo quiero; sino lo que quieras tú» (Mc 14, 36). Y después, a los discípulos: «Levantaos; vamos. Ya se acerca el que me ha de entregar» (Mc 14, 42).

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.» Es la bienaventuranza del don de fortaleza. Y he aquí la recompensa: «serán saciados» (Mt. 5, 6). En la tierra, les saciarán su hambre y su sed cosas eternas. No tendrán hambre ni sed de cosas temporales. Como Jesús, tienen hambre y sed de la Parusía. Se esfuerzan por adelantar con su deseo el advenimiento del gran día de Dios, en que los cielos inflamados se disolveran; porque esperan, «según su promesa, unos cielos nuevos y una tierra nueva, donde habitará la justicia» (2 Pet 3, 12-13). Cuando el último enemigo, que es la muerte, sea vencido, cuando todas las cosas sean devueltas a Dios Padre, cuando
toda la justicia de la que Cristo ha tenido sed llegue a su plenitud, entonces también ellos, con Cristo, serán saciados.

Oh Jesús, ¿cómo podéis tener sed de esta alma mía maloliente? ¿Cómo podéis tener sed de estos pobres y demasiado breves momentos de oración que trato de ofreceros cada día?

Charles Journet,
"Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz".

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