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Mostrando entradas de marzo, 2020

Clase de literatura. Película "El jugador"

El jugador. Rupert Wyatt

Insomnio. DÁMASO ALONSO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna. Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla. Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo. Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre? ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,  las tristes azucenas letales de tus noches? Dámaso Alonso  "Insomnio" "HIJOS DE LA IRA"

Tomás Moro. CRISTO

«Ten valor, tú que eres débil y flojo, y no desesperes. Estás atemorizado y triste, abatido por el cansancio y el temor al tormento. Ten confianza. Yo he vencido al mundo, y a pesar de ello sufrí mucho más por el miedo y estaba cada vez más horrorizado a medida que se avecinaba el sufrimiento. Deja que el hombre fuerte tenga como modelo mártires magnánimos, de gran valor y presencia de ánimo. Deja que se llene de alegría imitándolos. Tú, temeroso y enfermizo, tómame a Mí como modelo. Desconfiando de ti, espera en Mí. Mira cómo marcho delante de ti en este camino tan lleno de temores. Agárrate al borde de mi vestido, y sentirás fluir de él un poder que no permitirá a la sangre de tu corazón derramarse en vanos temores y angustias; hará tu ánimo más alegre, sobre todo cuando recuerdes que sigues muy de cerca mis pasos. Fiel soy, y no permitiré que seas tentado más allá de tus fuerzas, sino que te daré, junto con la prueba, la gracia necesaria para soportarlo, y alegra también tu ánimo c...

Jeremías 17, 5-10

Jeremías (17,5-10): ESTO dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones». *** Sal 1,1-2.3.4.6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor V/. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita ...

Amalia Rodrigues. Que Deus me perdoe

Fado Que Deus me perdoe  Amalia Rodrigues 

La Cruz de Cristo. Charles Journet

La Cruz de Cristo, una vez que ha sido levantada sobre la historia, es ya la única salvación del mundo. No sólo de las personas individuales, que son inmortales, sino también de las civilizaciones, que son perecederas. Apareció, en Occidente, en un mundo de decadencia y abocado a la ruína. En comparación con la luz que ella ofrecía, las renuncias que exigía no parecieron demasiado pesadas: cuando la tierra no tiene más que dar, el cielo, revelando sus esplendores, llega a ser infinitamente deseable. ¿Que ocurrió luego? A medida que los pueblos se iban agrupando en torno a la Cruz y fijaban su esperanza en el Reino que no es de este mundo, he aquí que, como por milagro, el mundo se iluminaba, la vida se volvía más humana y se organizaba una cultura cristiana, una civilizacion cristiana. Reapareció así la dulzura de vivir. Pero con ella vino pronto el olvido del cielo. Las exigencias de la Cruz volvieron a pesar hasta resultar intolerables. El hombre trató de conquistar la t...

Charles Journet. La Bienaventuranza del Don de Fortaleza

El Espíritu de Yahvé, que reposó sobre el Mesías, era, según la profecía de Isaías, «... un Espíritu de consejo y de fortaleza» (Is 11, 2). El don de fortaleza se manifiesta de dos formas. Una más ostensible: es la valentía, la intrepidez en el ataque. La otra, más significativa: es la paciencia, la constancia en la adversidad. En su explicación del Sermón de la Montaña, San Agustín relaciona con el don de fuerza la cuarta bienaventuranza, la de los que tienen hambre y sed de justicia. El Espíritu de fortaleza llevará al Salvador a afrontar valerosamente la cruz para saciar su vehemente hambre y sed de la gloria de Dios y de la salvación de las almas. Al entrar en el mundo dijo en su interior: «No has querido sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo. Los holocaustos y sacrificios por el pecado, no los aceptaste. Entonces yo dije: Heme aquí que vengo, para hacer, oh Dios, tu voluntad»(Heb 10, 5-7). El Jueves Santo se adivina una especial vehemencia en su deseo de ...

4 poemas de Thomas Merton

Himno sin mucho elogio para New York City Cuando las ventanas del West Side golpean como címbalos en la puesta de sol, Y cuando el viento gime entre las antenas del East Side, Y cuando al norte y al sur de la calle treinta y cuatro, En todos los mareados edificios, Los ascensores golpean sus dientes y hacen chirriar las barras de sus jaulas, Entonces, los hijos de la ciudad, Saliendo de las guaridas de monos de sus edificios de oficinas y departamentos, Con gran dificultad abren sus bocas y cantan: "Reina entre las ciudades de la Tierra: ¡Nueva York! Rica como un pastel, común como un donut, Cara como una piel y loca como la cocaína, Nos encanta oír que sacudes Tu gran cara como un banco resplandeciente Haciendo saber al mundo de locos que estás llena de monedas de diez centavos! "Esta es tu noche para hacer maracas de todo ese dinero metálico París está en la cárcel, y Londres muere de cáncer.” Este es el momento para que gires, Reina de nuestra paz pa...

ESPAÑA: ¿DE LA OLIGARQUÍA A LA OCLOCRACIA?

Oclocracia o gobierno de la muchedumbre (del griego ὀχλοκρατία [ochlokratía], «poder de la turba») es una de las formas de degeneración de la democracia, del mismo modo que la monarquía puede degenerar en tiranía o la aristocracia en oligarquía.​ A veces se confunde con la tiranía de la mayoría, dado que ambos términos están íntimamente relacionados. Es común que dicha situación pueda estar promovida por la influencia de intereses. Ilustres pensadores como Aristóteles, Pericles, Giovanni Sartori, Juvenal, Shakespeare, Lope de Vega, Ortega y Gasset o Tocqueville han advertido de un permanente peligro para la democracia popular: el interés de los oclócratas que ejercen el poder para hacerla degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta, buscando una ilusoria legitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores. En el desarrollo de esta política, sólo se tiene en cuenta de...

5 POEMAS DE OSCAR WILDE

APOLOGÍA ¿Es tu voluntad que yo crezca y decline? Trueca mi paño de oro por la gris estameña y teje a tu antojo esa tela de angustia cuya hebra más brillante es día malgastado. ¿Es tu voluntad -Amor que tanto amo- que la Casa de mi Alma sea lugar atormentado donde deban morar, cual malvados amantes, la llama inextinguible y el gusano inmortal? Si tal es tu voluntad la he de sobrellevar y venderé ambición en el mercado, y dejaré que el gris fracaso sea mi pelaje y que en mi corazón cave el dolor su tumba. Tal vez sea mejor así -al menos no hice de mi corazón algo de piedra, ni privé a mi juventud de su pródigo festín, ni caminé donde lo Bello es ignorado. Versión de E. Caracciolo Trejo Edición de Libros Río Nuevo 2001 *** CASA DE LA RAMERA Seguimos la huellas de pies que bailaban hacia la calle alumbrada de luna y nos detuvimos bajo la casa de la ramera. Adentro, por sobre estrépito y movimiento, oímos los músicos tocando a gran volumen el «Treues Lieb...

San Juan de la Cruz. Míos son los Cielos...

Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón. San Juan de la Cruz, "Oración del alma enamorada" La Gloria, Tiziano.

Oscar Wilde. El amor

... Hace unas seis semanas el médico me autorizó a tomar pan blanco en vez del áspero pan negro del régimen carcelario. Es un auténtico manjar. Te parecerá extraño que un simple pan pueda ser un manjar para alguien. Para mi lo es al punto de que cuando termino cada alimento me como una por una las migajas que sobran en mi plato. Y no lo hago por hambre, lo hago simplemente a fin de que no se desperdicie nada de lo que me dan. Así deberíamos estimar el amor. "De profundis", Oscar Wilde. *** Este mártir de su propia excentricidad y de la honorable Inglaterra, aprendió duramente en el hard labour que la vida es seria, que la pose es peligrosa, que la literatura, por más que se suene, no puede separarse de la vida; que los tiempos cambian, que Grecia antigua no es la Gran Bretaña moderna, que las psicopatías se tratan en las clínicas; que las deformidades, que las cosas monstruosas, deben huir de la luz, deben tener el pudor del sol; y que a la sociedad, mientras no ...

Oscar Wilde. La balada de la cárcel de Reading

«Balada de la cárcel de Reading» A la memoria de C. T. W. antiguo soldado de la Guardia Real de Caballería. Muerto en el Presidio de Reading, Berkshire, 7 de julio de 1896 I No vistió su chaqueta escarlata porque el vino y la sangre ya son rojos, y sangre y vino había en sus manos cuando lo hallaron con la muerta, la pobre que él amó y a quien en su lecho asesinara. Caminó entre los jueces vistiendo el gris raído con gorra en la cabeza y paso alegre y leve. Pero jamás vi a nadie que mirara el día con igual ansiedad. Jamás vi a nadie que mirara con ojos tan ansiosos la pequeña tienda azul que los presos llaman cielo, y a cada nube fugitiva que cruzaba con velamen de plata. Confinado en otros patios con otras almas en pena me preguntaba si había hecho algo grande o algo insignificante, cuando una voz me susurró al oído «ese hombre va a la horca». ¡Cristo! Los muros de la prisión de pronto parecían tambalearse y sobre mi cabeza era el cielo un casco de quemante acero. Y au...