Esta noche me ha vuelto a pasar, soñe que tenía diecisiete años. Es tan real. Los sueños en sí no son desagradables, tampoco
placenteros; la mayoría de las veces o estoy en el instituto o juego
al fútbol (a los dieciocho dejé los estudios y el fútbol). La
cuestión es que son las mismas sensaciones, los mismos pensamientos,
tensiones, diálogos, formas de hablar, palabra por palabra… Cómo
puedo guardar grabado a fuego aquel mundo ¡Hace tanto tiempo! Y no
existe otra edad, ni veinticinco, ni diez , ni treinta…
No se pueden calificar de
pesadillas, pero me dejan destrozado; despierto y es como si me
hubiese pasado un tren por encima: angustia, desazón. ¿Qué fue tan
importante para que una parte de mi ser se haya quedado anclado,
congelado, impasible y busque volver a ese mundo en los sueños?
Qué deudas pendientes
necesito cobrar; o es nostalgia simplemente, o trauma. O no soy yo, y
es realmente el fantasma de ese adolescente que no creía que la
muerte le llegaría tan pronto.
*sm*
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