Viniendo de donde vengo, cuando publiqué mi primer poemario, se ciñó sobre mi frente una corona de Laurel que nadie ha podido ni podrá arrebatarme...
En un camino, oscuro y difícil, lleno de amarguras, necesidades y tragedias, un niño, bajo el exiguo resplandor de una vela, devoraba libros...
Y para su sorpresa, la derrotas y sinsabores, hasta las caídas de las que creía nunca se repondría, se transformaron en pasos hacia delante... Sin saberlo, cuando todo daba por perdido...: la Verdad le permitió encontrarla. Y esta era el más fulgurante Triunfo...
Y para su sorpresa, la derrotas y sinsabores, hasta las caídas de las que creía nunca se repondría, se transformaron en pasos hacia delante... Sin saberlo, cuando todo daba por perdido...: la Verdad le permitió encontrarla. Y esta era el más fulgurante Triunfo...
En la Verdad no hay principio ni final; no hace falta escribir libros, ni ser quien uno no es; la razón y el conocimiento de los hombres son garabatos dibujados en su cuaderno por un párvulo... En la Verdad no existe la carne.
Los sueños y la realidad son una misma cosa; la confianza germina sobre el afecto; la sabiduría se encuentra en los Misterios, las canciones y la alegría. La más pequeña semilla se vuelve un frondoso árbol que cobija infinidad de nidos de pájaros... Y en una inmensa playa, las apacibles olas del tiempo refrescan mis pies descalzos...
Luz de Luz. Vida, Camino y Verdad.
El cariño arranca la cruel soledad del corazón.
La pureza limpia la angustiosa lepra del alma...

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