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Mostrando entradas de marzo, 2019

Salmo 22. Salmo mesiánico de David

1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos estás para salvarme, lejos de mis palabras de lamento. 2 Dios mío, clamo de día y no me respondes; clamo de noche y no hallo reposo. 3 Pero tú eres santo, tú eres rey, ¡tú eres la alabanza de Israel! 4 En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste; 5 a ti clamaron, y tú los salvaste; se apoyaron en ti, y no los defraudaste. 6 Pero yo, gusano soy y no hombre; la gente se burla de mí, el pueblo me desprecia. 7 Cuantos me ven, se ríen de mí; lanzan insultos, meneando la cabeza: 8 «Éste confía en el Señor, ¡pues que el Señor lo ponga a salvo! Ya que en él se deleita, ¡que sea él quien lo libre!» 9 Pero tú me sacaste del vientre materno; me hiciste reposar confiado en el regazo de mi madre. 10 Fui puesto a tu cuidado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre mi Dios eres tú. 11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca y no hay nadie que me ayude. 12 Muchos tor...

The Molly Maguires. Odio en las entrañas. Velatorio por el señor Dan Raines

Sean Connery ( Jack Kehoe) Minuto 99' 56'' en el velatorio por el señor Dan Raines : McParlan: Creía que no te gustaba el alcohol. Jack Kehoe: Bebo solo una gota de vez en cuando. McParlan: Tienes una idea muy particular de lo que es una gota ¿tanto te ha impresionado la muerte del viejo?Yo creo que estaba contento de irse, no le quedaba ningún deseo de vivir. ¿O es por Dougherty? Ya habrá tiempo para eso, todavía no lo han colgado. Jack Kehoe: Eres un tipo frío. McParlan: Esa es la diferencia entre tú y yo. Jack Kehoe: En mí no hay frialdad en absoluto.  McParlan: Estas ardiendo por dentro, desde el primer momento me di cuenta. Yo en tu lugar tendría cuidado con esa botella. Jack Kehoe: ¿Aviva el fuego? McParlan: Sí, lo he visto en personas como tú, un trago y quieren acabar con todo, destruir el mundo, pierden la razón. Jack Kehoe: ¿En cambio tú jamás la pierdes? ¿Verdad? McParlan: Intento conservar la cabeza en su sitio....

ERIK SATIE Gnossienne 1 - Alessio Nanni, piano

Erik Satie - Gymnopédies, 1. Lent et douloureux (01)

Erik Satie   Gymnopédies, 1.  Lent et douloureux (01)

PIANO LA LA LAND

la la land escena planetario

Debussy - Arabesque No.1 and No.2

Debussy - Arabesque No.1 and No.2

CLAUDE DEBUSSY: CLAIR DE LUNE

CLAUDE DEBUSSY: CLAIR DE LUNE

Beethoven - Moonlight Sonata (1st Movement)

Piano Sonata No. 8, Op. 13  "Pathetique": II. Adagio cantabile

Melodía de Renzo (chopin)

serenata  schubert

CHOPIN - NOCTURNE NO.20 IN C-SHARP MINOR OP.POSTH

Chopin - Nocturne op.9 No.1

Chopin - Nocturne Op.9 No.1

Chopin - Ballade No. 1 in G minor, Op. 23

Chopin  Ballade No. 1 in G minor, Op. 23

La la land. City of stars

La la land. City of stars Sub. Español

Rosalía de Castro

En los ecos del órgano o en el rumor del viento, en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia, te adivinaba en todo y en todo te buscaba, sin encontrarte nunca. Quizás después te ha hallado, te ha hallado y te ha perdido otra vez, de la vida en la batalla ruda, ya que sigue buscándote y te adivina en todo, sin encontrarte nunca. Pero sabe que existes y no eres vano sueño, hermosura sin nombre, pero perfecta y única; por eso vive triste, porque te busca siempre sin encontrarte nunca.

Emily Dickinson

Es todo lo que tengo hoy para traer –esto y mi corazón además – esto y mi corazón y todos los campos –y todas las praderas anchas – cuente bien –no sea que alguien pueda revisar la cuenta– esto y mi corazón y todas las abejas que moran en el trébol.

Emily Dickinson

"Si pudiera impedir que un corazón se rompa no habré vivido en vano. Si pudiera calmar el dolor de una vida, o hacer más llevadera una tristeza, o ayudar a algún débil petirrojo a que vuelva a su nido, no habré vivido en vano."

Arte poética. Juan Gelman

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío, como un amo implacable me obliga a trabajar de día, de noche, con dolor, con amor, bajo la lluvia, en la catástrofe, cuando se abren los brazos de la ternura o del alma, cuando la enfermedad hunde las manos. A este oficio me obligan los dolores ajenos, las lágrimas, los pañuelos saludadores, las promesas en medio del otoño o del fuego, los besos del encuentro, los besos del adiós, todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre. Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos, rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Soledad. Álvaro Mutis

En mitad de la selva, en la más oscura noche de los grandes árboles, rodeado del húmedo silencio esparcido por las vastas hojas del banano silvestre, conoció el Gaviero el miedo de sus miserias más secretas, el pavor de un gran vacío que le acechaba tras sus años llenos de historias y de paisajes. Toda la noche permaneció el Gaviero en dolorosa vigilia, esperando, temiendo el derrumbe de su ser, su naufragio en las girantes aguas de la demencia. De estas amargas horas de insomnio le quedó al Gaviero una secreta herida de la que manaba en ocasiones la tenue linfa de un miedo secreto e innombrable. La algarabía de las cacatúas que cruzaban en bandadas la rosada extensión del alba, lo devolvió al mundo de sus semejantes y tornó a poner en sus manos las usuales herramientas del hombre. Ni el amor, ni la desdicha, ni la esperanza, ni la ira volvieron a ser los mismos para él después de su aterradora vigilia en la mojada y nocturna soledad de la selva.

El laberinto. Jorge Luis Borges

El Laberinto Zeus no podría desatar las redes de piedra que me cercan. He olvidado los hombres que antes fui; sigo el odiado camino de monótonas paredes que es mi destino. Rectas galerías que se curvan en círculos secretos al cabo de los años. Parapetos que ha agrietado la usura de los días. En el pálido polvo he descifrado rastros que temo. El aire me ha traído en las cóncavas tardes un bramido o el eco de un bramido desolado. Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades que tejen y destejen este Hades y ansiar mi sangre y devorar mi muerte. Nos buscamos los dos. Ojalá fuera éste el último día de la espera. La casa de Asterion 

Casa que no existe. José Agustín Goytisolo

CASA QUE NO EXISTE Si dicen que le enferma la nostalgia él piensa: ¿La nostalgia de qué? ¿De una vida partida en dos pedazos? ¿De un jardín que hoy no tiene? ¿De unos años terribles? ¿De un par de pantalones color rata? Solamente de niño vivió algo así como una fiesta muy breve aunque él ahora en sueños quiera alargarla hacerla inacabable para pensar en cosas diferentes y gratas como hace un estudiante de cara a la pared. El miedo a no ver más a quien amaba se inventó una presencia al otro lado de esa puerta que se abre tan sólo para adentro pero allí no había nada más que sucia sombra de vacío y un eco que le hablaba como sus propias palabras y traía reminiscencias de una edad de espantos. Él cruza de su ayer a su mañana como sobre la cima que parte dos vertientes obseso por rehacer las casas y castillos que la guerras y el viento derribaron para borrar así y confundir los días y detener el tiempo antes que el tiempo le detenga a él. ¡Oh absurdo y extraviado rey mendigo que nota en la...

El buen amor. José Agustín Goytisolo

El buen amor Pared contra pared la soledad más fea y amarilla te encerró te apartó de todo lo que amabas o era tuyo y con pasos de zorra se metió en el reloj y empezó a trastocar todas las horas para que no supieses ni pudieras notar que terminaba tu tiempo en el festín y así fue como un sucio desaliento se echó sobre tus hombros tal un pájaro enorme en una madrugada sórdida y cruel con aires de desgracia y fue entonces recuerda cuando en el abandono o desamor pronunciaste su nombre repetiste su nombre como un niño perdido entre la sombra. Por azar o conjuro tal nombre te ha devuelto a los días de la más clara luz y ahora notas la brisa el fresco olor de un sitio que conoces, de una casa rodeada de flores y senderos donde el sueño cruza por galerías altísimas y blancas como velas de un navío al largar y jugando te ocultas al final de un pasillo y aguardas que llegue la muchacha que quieres y la asustas con las hojas de un ramo de laurel y cuando ella se ríe contra tu pecho huérfano ...

Esa flor instantánea. José Agustín Goytisolo

Esa flor instantánea Miedo a perderse ambos, vivir el uno sin el otro: miedo a estar alejados en el viento de la niebla, en los pasos del día, en la luz del relámpago, en cualquier parte. Miedo que les hace abrazarse, unirse en este aire que ahora juntos respiran. Y se buscan y se buscan esa flor instantánea que cuando se consigue se deshace en un soplo y hay que ir a encontrar otras en el jardín umbrío. Miedo; bendito miedo que propicia el deseo la agonía y el rapto, de los que mueren juntos y resucitan luego.

Así son. José Agustín Goytisolo

Así son Su profesión se sabe es muy antigua y ha perdurado hasta ahora sin variar a través de los siglos y civilizaciones. No conocen vergüenza ni reposo se emperran en su oficio a pesar de las críticas unas veces cantando otras sufriendo el odio y la persecución mas casi siempre bajo tolerancia. Platón no les dio sitio en su República. Creen en el amor a pesar de sus muchas corrupciones y vicios suelen mitificar bastante la niñez y poseen medallones o retratos que miran en silencio cuando se ponen tristes. Ah curiosas personas que en ocasiones yacen en lechos lujosísimos y enormes pero que no desdeñan revolcarse en los sucios jergones de la concupiscencia sólo por un capricho Le piden a la vida más de lo que esta ofrece Difícilmente llegan a reunir dinero la previsión no es su característica y se van marchitando poco a poco de un modo algo ridículo si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas. Así son pues lo...

No sirves para nada. José Agustín Goytisolo

Cuando yo era pequeño estaba siempre triste y mi padre decía mirándome y moviendo la cabeza: hijo mío no sirves para nada. Después me fui a la escuela con pan y con adioses pero me acompañaba la tristeza. El maestro graznó: pequeño niño no sirves para nada. Vino luego la guerra la muerte –yo la vi– y cuando hubo pasado y todos la olvidaron yo triste seguí oyendo no sirves para nada. Y cuando me pusieron los pantalones largos la tristeza en seguida mudó de pantalones. Mis amigos dijeron: no sirves para nada. De tristeza en tristeza caí por los peldaños de la vida. Y un día la muchacha que amo me dijo –y era alegre– no sirves para nada. Ahora vivo con ella voy limpio y bien peinado. Tenemos una niña a la que siempre digo también con alegría: no sirves para nada

Mujer de muerte. José Agustín Goytisolo

Mujer de muerte Poema publicado el 23 de Julio de 2000                 Lo que tu hubieras sido ha quedado en el aire perdido para el tiempo. Las cosas que no hiciste las  canciones  que nunca cantarás los días nuevos que te correspondían los deseos la rueda de las voces abiertas en tu oido toda tu larga sombra proyectada al futuro. Porque escucho el sonido falso de mi moneda al chocar contra el mármol de tu terrible ausencia te amo mujer de muerte. ¡Ah lo que hubieras sido!  

La Beatriz. Charles Baudelaire

En cenicientas tierras, sin verdor, calcinadas, Como yo me quejase a la Naturaleza, Y el puñal de mi mente, caminando al azar, Fuese afilando lento sobre mi corazón, Una gran nube oscura, de un temporal surgida, Que albergaba una tropa de viciosos demonios, Semejantes a enanos furiosos y crueles. Se volvieron entonces fríamente a mirarme, Y, como viandantes que se asombran de un loco, Los escuché entre sí reír y cuchichear Intercambiando señas y guiños expresivos: -«Contemplemos a gusto a esta caricatura, A esta sombra de Hamlet que su postura imita, Los cabellos al viento, la indecisa mirada. ¿No es en verdad penoso ver a tal vividor, A este pillo, a este vago, a este histrión perezoso, Que, porque representa con arte su papel, Pretende interesar, cantando sus pesares, Al águila y al grillo, al arroyo y las flores, E inclusive a nosotros, autores de esas rúbricas, A voces nos recita sus públicas tiradas?» Hubiera yo podido (alto como los montes Es mi orgullo y...

La voz. Charles Baudelaire

Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca, Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula, Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina Se confundía. Yo era alto como un infolio. Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme: «La Tierra es un pastel colmado de dulzura; Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá ya término!) Forjarte un apetito de una grandeza igual.» Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños, lejos de lo posible y de lo conocido.» Y ésta cantaba como el viento en las arenas, Fantasma no se sabe de que parte surgido Que acaricia el oído a la vez que lo espanta. Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!» Desde entonces Data lo que se puede denominar mi llaga Y mi fatalidad. Detrás de los paneles De la existencia inmensa, en el más negro abismo, Veo, distintamente, los más extraños mundos Y, víctima extasiada de mi clarividencia, Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden. Y tras ese momento, igual que los profetas, Con inmensa ternura amo el mar y el...

El albatros. Charles Baudelaire

Por distraerse, a veces, suelen los marineros Dar caza a los albatros, grandes aves del mar, Que siguen, indolentes compañeros de viaje, Al navío surcando los amargos abismos. Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas, Estos reyes celestes, torpes y avergonzados, Dejan penosamente arrastrando las alas, Sus grandes alas blancas semejantes a remos. Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil! Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco! ¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa, Aquél, mima cojeando al planeador inválido! El Poeta es igual a este señor del nublo, Que habita la tormenta y ríe del ballestero. Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío, Sus alas de gigante le impiden caminar. Leopoldo María Panadero 

No decía palabras. Luis Cernuda

No decía palabras, acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe. La angustia se abre paso entre los huesos, remonta por las venas hasta abrirse en la piel, surtidores de sueño hechos carne en interrogación vuelta a las nubes. Un roce al paso, una mirada fugaz entre las sombras, bastan para que el cuerpo se abra en dos, ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe; mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Auque sólo sea una esperanza porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

No es el amor quien muere. Luis Cernuda

No es el amor quien muere, somos nosotros mismos. Inocencia primera Abolida en deseo, Olvido de sí mismo en otro olvido, Ramas entrelazadas, ¿Por qué vivir si desaparecéis un día? Sólo vive quien mira Siempre ante sí los ojos de su aurora, Sólo vive quien besa Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara. Fantasmas de la pena, A lo lejos, los otros, Los que ese amor perdieron, Como un recuerdo en sueños, Recorriendo las tumbas Otro vacío estrechan. Por allá van y gimen, Muertos en pie, vidas tras de la piedra, Golpeando la impotencia, Arañando la sombra Con inútil ternura. No, no es el amor quien muere.

Soliloquio del farero. Luis Cernuda

Cómo llenarte, soledad, sino contigo misma... De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, quieto en ángulo oscuro, buscaba en ti, encendida guirnalda, mis auroras futuras y furtivos nocturnos, y en ti los vislumbraba, naturales y exactos, también libres y fieles, a semejanza mía, a semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta como quien busca amigos o ignorados amantes; diverso con el mundo, fui luz serena y anhelo desbocado, y en la lluvia sombría o en el sol evidente quería una verdad que a ti te traicionase, olvidando en mi afán cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos con nubes sobre nubes de otoño desbordado la luz de aquellos días en ti misma entrevistos, te negué por bien poco; por menudos amores ni ciertos ni fingidos, por quietas amistades de sillón y de gesto, por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, por los viejos placeres prohibidos como los permitidos nauseabundos, útiles solamente para el elegante saló...

A un poeta futuro. Luis Cernuda

A un poeta futuro No conozco a los hombres. Años llevo De buscarles y huirles sin remedio. ¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendo Demasiado? Antes que en estas formas Evidentes, de brusca carne y hueso, Súbitamente rotas por un resorte débil Si alguien apasionado les allega, Muertos en la leyenda les comprendo Mejor. Y regreso de ellos a los vivos, Fortalecido amigo solitario, Como quien va del manantial latente Al río que sin pulso desemboca. No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasan  Desde la fuente al mar, en ocio atareado.  Llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;  La fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple,  El multiforme mar, incierto y sempiterno.  Como en fuente lejana, en el futuro  Duermen las formas posibles de la vida  En un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,  Prontas a reflejar la idea de los dioses. Y entre los seres que serán un día Sueñas tu sueño, mi imposible amigo. No comprendo a los hombres. ...

Yo soy aquel... Rubén Darío

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA               I A J. Enrique Rodó. Yo soy aquel que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana. El dueño fui de mi jardín de sueño, lleno de rosas y de cisnes vagos; el dueño de las tórtolas, el dueño de góndolas y liras en los lagos; y muy siglo diez y ocho y muy antiguo y muy moderno; audaz, cosmopolita; con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, y una sed de ilusiones infinita. Yo supe de dolor desde mi infancia, mi juventud.... ¿fue juventud la mía? Sus rosas aún me dejan su fragancia... una fragancia de melancolía... Potro sin freno se lanzó mi instinto, mi juventud montó potro sin freno; iba embriagada y con puñal al cinto; si no cayó, fue porque Dios es bueno. En mi jardín se vio una estatua bella; se juzgó mármol y era carne viva; una alma joven habitaba en ella, sentimental, sensible, sensitiva. Y tímida ante el mundo, d...

El ocaso de la Luna. Leopardi

Canto XXXIII El ocaso de la luna Como en noche callada, sobre el campo argentado y la laguna, donde aletea el céfiro y mil aspectos vagos y objetos engañosos fingen lejanas sombras en las ondas tranquilas, en setos, lomas, villas y ramajes, junto al confín del cielo, tras de los Alpes o del Apenino o del Tirreno en lo hondo, cae la luna, y el mundo palidece; las sombras huyen, y una oscuridad envuelve monte y valle; ciega la noche queda, y, cantando con triste melodía, la última luz del fugitivo astro que fué su guía hasta ahora saluda el carretero en su camino, así también se aleja y la vida abandona la juventud. En fuga van sombras y ficciones de agradables engaños; se disipa la lejana esperanza en que mortal Natura se sustenta. Abandonada, oscura queda la vida. En ella la mirada pone en vano el confuso caminante, en busca de un sendero que le lleve a una meta; y comprende que en la mansión humana en un extraño ya se ha convertido. Harto alegre y dichosa nuestra mísera suerte parec...

Canto XXXI. Leopardi

Canto XXXI El retrato de una bella mujer esculpido en el monumento sepulcral de la misma Tal fuiste: hoy bajo tierra polvo, esqueleto eres. Sobre el fango, inmóvilmente colocado en vano, mudo, mirando de la edad el vuelo, está, de la memoria y del dolor custodio, el simulacro de la muerta hermosura. La mirada dulce, que hacía temblar si, como ahora, se fijaban en otro; el labio, donde el placer derramábase cual de urna llena; el cuello, circuído ya de deseo; la amorosa mano, que a menudo, al posarse, sintió helada la mano que oprimía, y el seno, ante el que todos se tornaban visiblemente pálidos, fueron un tiempo; huesos y fango eres ahora; visión tan triste oculta hoy una piedra. A eso reduce el hado a aquello que creímos la más viva imagen celestial. Misterio eterno de nuestra vida. Inenarrable fuente de excelsos pensamientos y sentires, hoy triunfa la belleza, y parece, cual llama de natura inmortal en este yermo, de altísimos destinos, de afortunados reinos y áureos mundos espera...

El infinito. Leopardi

El infinito Canto XII Amé siempre esta colina, y el cerco que me impide ver más allá del horizonte. Mirando a lo lejos los espacios ilimitados, los sobrehumanos silencios y su profunda quietud, me encuentro con mis pensamientos, y mi corazón no se asusta. Escucho los silbidos del viento sobre los campos, y en medio del infinito silencio tanteo mi voz: me subyuga lo eterno, las estaciones muertas, la realidad presente y todos sus sonidos. Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento: y naufrago dulcemente en este mar. Versión de Carlos López S.

Don't Worry About Me ~ Django Reinhardt

Don't Worry About Me ~ Django Reinhardt

Peregrino. Luis Cernuda

¿Volver? Vuelva el que tenga,  Tras largos años, tras un largo viaje,  Cansancio del camino y la codicia  De su tierra, su casa, sus amigos,  Del amor que al regreso fiel le espere.  Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,  Sino seguir libre adelante,  Disponible por siempre, mozo o viejo,  Sin hijo que te busque, como a Ulises,  Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.  Sigue, sigue adelante y no regreses,  Fiel hasta el fin del camino y tu vida,  No eches de menos un destino más fácil,  Tus pies sobre la tierra antes no hollada,  Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Adolescente fui... Luis Cernuda

Adolescente fui en días idénticos a nubes, cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, y extraño es, si ese recuerdo busco, que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy. Perder placer es triste como la dulce lámpara sobre el lento nocturno; aquél fui, aquél fui, aquél he sido; era la ignorancia mi sombra. Ni gozo ni pena; fui niño prisionero entre muros cambiantes; historias como cuerpos, cristales como cielos, sueño luego, un sueño más alto que la vida. Cuando la muerte quiera una verdad quitar de entre mis manos, las hallará vacías, como en la adolescencia ardientes de deseo, tendidas hacia el aire. Jaime Gil de Biedma No volveré a ser joven 

Quiero con afán soñoliento. Luis Cernuda

QUIERO CON AFÁN SOÑOLIENTO... Quiero, con afán soñoliento, Gozar de la muerte más leve Entre bosques y mares de escarcha, Hecho aire que pasa y no sabe. Quiero la muerte entre mis manos, Fruto tan ceniciento y rápido, Igual al cuerno frágil De la luz cuando nace en el invierno. Quiero beber al fin su lejana amargura; Quiero escuchar su sueño con rumor de arpa Mientras siento las venas que se enfrían, Porque la frialdad tan sólo me consuela. Voy a morir de un deseo, Si un deseo sutil vale la muerte; A vivir sin mí mismo de un deseo, Sin despertar, sin acordarme, Allá en la luna perdido entre su frío. 

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos. Luis Cernuda

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey ...

Te quiero. Luis Cernuda

Te quiero.  Te lo he dicho con el viento,  jugueteando como animalillo en la arena  o iracundo como órgano impetuoso;  Te lo he dicho con el sol,  que dora desnudos cuerpos juveniles  y sonríe en todas las cosas inocentes;  Te lo he dicho con las nubes,  frentes melancólicas que sostienen el cielo,  tristezas fugitivas;  Te lo he dicho con las plantas,  leves criaturas transparentes  que se cubren de rubor repentino;  Te lo he dicho con el agua,  vida luminosa que vela un fondo de sombra;  te lo he dicho con el miedo,  te lo he dicho con la alegría,  con el hastío, con las terribles palabras.  Pero así no me basta:  más allá de la vida,  quiero decírtelo con la muerte;  más allá del amor,  quiero decírtelo con el olvido.