Estimado editor:
Me comunica muy cortésmente, por supuesto, las personas de sus cualidades siempre usan las mismas armas, moviéndose,¡cómo no!, entre la frialdad y la distancia, que he vulnerado su código deontológico , que he faltado a su honor y he conculcado su dignidad como persona y por lo tanto rescinde el contrato y no publica mi obra.
Apreciado editor, ¿cuál ha sido mi gran crimen? Que usted pidió una semana de margen para enviar una mínima porción del trabajo y cuando la he recibido es evidente que se llevó a cabo en dos minutos, literalmente. ¿Para eso quería usted una semana? ¿A eso le llama profesionalidad? Usted lo llama trabajo, pero utiliza un eufemismo para no tener que decir que es una basura. Ya ve que yo no tengo ningún problema en llamarle a las cosas por su nombre.
He de confesar que para mí el trabajo es sagrado y siempre merece el máximo respeto, te puede gustar más o te puede gustar menos, pero la condición sine qua non es que éste exista; si no, uno se está riendo de la gente o se cree muy listo. Hay que tenerse respeto a uno mismo y a la labor que realiza para que los demás se lo tengan, señor editor.
Se muestra indignado porque yo he utilizado la palabra «basura», pero al mismo tiempo reconoce que no se han hecho bien las cosas; y ahí radica la base del problema. Usted no se indigna por haber entregado un desastre.
Ustedes han hecho de la mediocridad una religión... Pero ¡si en la mayoría de los casos su cultura básica como lectores es nula!
Ya pueden ir al bar de la esquina y propagar a los cuatro vientos que son editores, o decírselo al ligue de turno o a los periódicos o a quien sea. La única verdad es que ya pueden estar al frente de una editorial durante cincuenta años que no por eso serán alguna vez editores.
Si me permite, ahora voy a ser yo quien le dé un consejo.
Probablemente hace mucho tiempo, al principio, tendría usted muy buenas intenciones, no diré lo contrario. Quizá de su boca se escaparían frases como: «Hay que renovarlo todo, otra forma de editar es posible…». No se ha dado cuenta de que se ha perdido por el camino…
Así que, utilizando sus palabras, si usted «ha pasado un mal trago y he atentado contra su honor», no se percata de que se ha convertido en un problema. Se ha transformado en una rémora para el sector, en un peso muerto. Hágame caso, apártese a un lado. Esta es una profesión para gente con talento, con entusiasmo, gente arriesgada que no tiene la sensibilidad a flor de piel cuando escucha «palabrotas». Hágame caso, si pregunta, probablemente quedará una plaza vacante como enterrador en el cementerio de su pueblo.
*sm*
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