Estimado editor: Me comunica muy cortésmente, por supuesto, las personas de sus cualidades siempre usan las mismas armas, moviéndose,¡cómo no!, entre la frialdad y la distancia, que he vulnerado su código deontológico , que he faltado a su honor y he conculcado su dignidad como persona y por lo tanto rescinde el contrato y no publica mi obra. Apreciado editor, ¿ c uál ha sido mi gran crimen? Que usted pidió una semana de margen para enviar una mínima porción del trabajo y cuando la he recibido es evidente que se llevó a cabo en dos minutos, literalmente. ¿Para eso quería usted una semana? ¿A eso le llama profesionalidad? Usted lo llama trabajo, pero utiliza un eufemismo para no tener que decir que es una basura. Ya ve que yo no tengo ningún problema en llamarle a las cosas por su nombre. He de confesar que para mí el trabajo es sagrado y siempre merece el máximo respeto, te puede gustar más o te puede gustar menos, pero la condición sine qua non es que éste exista; si ...
¡Estoy vivo! ¡Muy vivo!