La última moda, hoy en día, no está en la ropa o en el calzado. La última moda pasa por desprendernos de nuestro pensamiento. No consumimos, somos consumidos. Lo importante es ser otro, un yo adulterado. Hoy vemos cómo millones de personas se afanan en saltar de un aturdimiento a otro sin descanso. Existen muchos y muy variados, desde los cientos de modalidades y disciplinas de gimnasio a visitar distintas capitales del mundo en un fin de semana, pasando por restaurantes, gastronomía y regímenes y métodos de adelgazamiento de todo tipo. Ideas, filosofías y estilos de vida ajenos, cuanto más exóticos mejor. Somos objetos a disposición del mercado. Objetos que consumen a otros objetos. Arrecian los huracanes del comportamiento, y cuando te resguardas para no ser engullido por el remolino, te hacen sentir como si fueses un espécimen del paupérrimo pasado evolutivo del hombre, un cromañón cuando menos. Hay que integrarse en algo, el abanico de posibilidades es casi infinito: equipos...
¡Estoy vivo! ¡Muy vivo!