Como un niño me acerco a Ti. Tú eres mi Maestro... La verdad y la justicia que siempre he anhelado. Ninguna herida es más grande que Cristo. Me has lavado con tu sangre para arrebatarme de las fauces de la Muerte. Ahora soy libre para servirte. Nada puedo por mí mismo, todo lo puedo en Ti. A todos bendigo, así estaba escrito... ¡Qué grande es el Principe de la Paz! Tu amor es puro e inefable, fidelidad eterna. Has derramado la Gracia sobre mi alma... Tuyo es mi corazón. Cuando ya no esté, el dolor desaparecerá y sólo quedará el recuerdo de lo que en realidad fui: Un hombre que buscó el camino de la bondad. *sm*
¡Estoy vivo! ¡Muy vivo!